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Preparación cibernética de las empresas: cómo evitar crisis empresariales

Cumplimiento normativo
7 minutos de lectura
Última actualización: 11 Sep 2026
trabajador de ConnectPay

Escrito por

Aistė Matulevičiūtė
Aiste Matuleviciute

Responsable de Redacción y Comunicación

La reciente interrupción del servicio de Amazon Web Services (AWS) ha recordado a las empresas de todos los sectores una verdad incómoda: ni siquiera los proveedores más grandes y avanzados están a salvo de los fallos. 

Desde fallos en los centros de datos hasta ciberataques selectivos, las interrupciones del servicio se han convertido en parte del panorama operativo actual. La verdadera pregunta ya no es si se producirá un incidente, sino hasta qué punto está preparada tu organización para afrontarlo cuando ocurra.  

Junto con Tautvydas Jašinskas, director de seguridad de la información (CISO) de ConnectPay, veamos qué es lo que suele convertir una interrupción menor en una crisis grave, y qué pueden hacer las empresas para mantener su resiliencia.  

Planes de continuidad del negocio: los que están sobre el papel frente a los que se ponen en práctica 

Muchas organizaciones tienen un Plan de Continuidad del Negocio (BCP) almacenado en una unidad compartida, pero pocas lo prueban con regularidad.  

Por qué es importante:  

  • Los planes que se elaboran una sola vez y nunca se actualizan quedan obsoletos en poco tiempo.  
  • La rotación de personal implica que es posible que los nuevos empleados no estén familiarizados con su función en caso de crisis.  
  • Los cambios tecnológicos y de proveedores suelen hacer que los pasos de recuperación queden incompletos.  

“La diferencia entre un plan que existe y uno que funciona radica en las pruebas”, explica Jašinskas. “Las empresas deben simular situaciones reales —desde interrupciones en la nube hasta la corrupción de datos— para comprobar con qué rapidez pueden restablecer el funcionamiento normal”.”  

La realización de ejercicios en tiempo real ayuda a identificar puntos débiles, como responsabilidades poco claras, contactos que faltan o dependencias técnicas que no se han documentado ni abordado. 

El factor humano: la formación convierte las políticas en acciones concretas  

La tecnología por sí sola no garantiza la resiliencia; son las personas las que la garantizan. Son el eslabón más fuerte de cualquier organización. Durante una interrupción del servicio, cada minuto cuenta, y la confusión se extiende rápidamente si los equipos no han ensayado sus funciones.  

Por qué esto sigue siendo un reto:  

  • Los equipos de TI se centran principalmente en la prevención, no en los simulacros de recuperación.  
  • A menudo no queda clara la autoridad para tomar decisiones durante los incidentes.  
  • Los empleados dan por hecho que “otro” tomará medidas.  

“Cuando los sistemas fallan, no hay tiempo para leer instrucciones”, afirma Jašinskas. “El instinto de reaccionar se adquiere mediante el entrenamiento: esa preparación silenciosa que convierte la incertidumbre en acción”.”   

La realización periódica de simulacros de mesa o simulaciones en condiciones reales garantiza que, cuando se produzca un corte de suministro, los equipos respondan de forma automática y no reactiva. 

Dependencias de terceros: el eslabón débil oculto  

Proveedores de servicios en la nube, pasarelas de pago, y los encargados del tratamiento de datos constituyen la columna vertebral de las operaciones digitales, pero también generan un riesgo compartido.  

Por qué es fundamental gestionarlo:  

  • La mayoría de las interrupciones del servicio tienen su origen fuera del control directo de una organización.  
  • Es posible que los proveedores no informen de las interrupciones del servicio con rapidez ni transparencia.  
  • Los plazos de recuperación varían, lo que deja a las empresas en una situación de incertidumbre.  

“Casi todas las empresas dependen de una cadena de proveedores”, señala Jašinskas. “Eso significa que tu resiliencia es tan fuerte como el eslabón más débil de esa cadena”.”  

Las empresas deben identificar sus dependencias, evaluar la resiliencia de los proveedores y asegurarse de que los SLA (acuerdos de nivel de servicio) definan claramente las expectativas en cuanto a tiempo de actividad, tiempos de respuesta y comunicación durante los incidentes. Si un proveedor falla, debe existir una ruta alternativa probada, ya sea una región secundaria en la nube, proveedor de servicios de pago, o canal de comunicación.  

Pruebas para comprobar la realidad, no el cumplimiento de las normas  

Los marcos de cumplimiento hacen hincapié en la resiliencia operativa, pero las listas de comprobación por sí solas no preparan a las empresas para las interrupciones que se producen en la vida real. El objetivo no es solo superar una auditoría, sino mantener la continuidad y la confianza de los clientes cuando los sistemas dejan de funcionar.  

“Muchas organizaciones abordan la resiliencia y la continuidad del negocio de una forma burocrática: hablan más de ello de lo que realmente lo ponen en práctica. Elaboran políticas, procedimientos y documentos, pero la resiliencia no se construye sobre el papeleo. Se construye con la práctica”, señala Jašinskas. 

La verdadera resiliencia proviene de la repetición: de pruebas realistas, a veces incómodas, que ponen de manifiesto los puntos débiles y enseñan a los equipos a reaccionar. Y lo irónico es que ningún incidente real se desarrolla nunca exactamente igual que el escenario que se ha ensayado. Pero el verdadero valor de las pruebas radica en aprender a resolver problemas: reconocer patrones, encontrar causas y restablecer el orden cuando los planes ya no sirven. Las empresas que realizan pruebas y ajustes con regularidad se recuperan más rápido, se comunican de forma más eficaz y sufren menos interrupciones en su actividad cuando se produce una crisis. 

Crear una cultura de resiliencia 

La preparación real va más allá de las tecnologías de la información. Los departamentos de finanzas, operaciones, atención al cliente y comunicaciones desempeñan un papel fundamental a la hora de minimizar el impacto.  

¿Qué caracteriza a una organización resiliente?  

  • Equipos bien preparados que conocen sus responsabilidades y cuentan con sus suplentes asignados y formados. 
  • Procedimientos contrastados que reflejan el entorno tecnológico actual.  
  • Comunicación transparente con los socios y los clientes durante los incidentes.  
  • Mejora continua tras cada simulacro o incidente real.  

“En la práctica, la resiliencia tiene que convertirse en un hábito”, subraya Jašinskas. “Si solo piensas en la continuidad una vez al año, ya vas con retraso”.” 

Incorporar el enfoque de la resiliencia en las operaciones cotidianas, en lugar de tratarlo como una tarea de cumplimiento que se realiza una vez al año, es lo que distingue a las organizaciones proactivas de aquellas que se ven sorprendidas por los acontecimientos.

Como dijo Arquíloco: “No alcanzamos el nivel de nuestras expectativas; caemos al nivel de nuestra preparación”. Las interrupciones del servicio y los incidentes cibernéticos no van a desaparecer, pero su impacto puede mitigarse. Las empresas que se recuperan más rápido tienen algo en común: se forman, realizan pruebas y se adaptan continuamente. 

Preguntas frecuentes: Preparación cibernética de las empresas


¿Cuál es la diferencia entre tener un plan de continuidad del negocio y ponerlo realmente a prueba?

Un plan de continuidad del negocio (PCB) escrito que no se revisa se queda obsoleto rápidamente a medida que cambian el personal, la tecnología y los proveedores. Las pruebas mediante simulaciones en tiempo real, como ensayar las respuestas ante interrupciones en la nube o la corrupción de datos, revelan puntos débiles —como responsabilidades poco claras o documentación incompleta— antes de que un incidente real los ponga de manifiesto. La diferencia entre un plan que existe y uno que funciona radica en la práctica regular, no en el papeleo.

¿Por qué a los empleados les cuesta a menudo reaccionar de forma eficaz durante un corte de suministro?

Cuando los sistemas dejan de funcionar, no hay tiempo para leer instrucciones. Los equipos de TI suelen centrarse en la prevención más que en los simulacros de recuperación; a menudo no queda claro quién tiene la autoridad para tomar decisiones durante los incidentes, y los empleados suelen dar por sentado que otra persona se encargará de actuar. Los ejercicios teóricos periódicos y las simulaciones en vivo desarrollan la capacidad de reaccionar de forma automática, en lugar de hacerlo de forma reactiva.

¿Por qué se considera que los proveedores externos suponen un riesgo oculto para la resiliencia empresarial?

La mayoría de las interrupciones se originan fuera del control directo de una empresa, a través de proveedores de servicios en la nube, pasarelas de pago o procesadores de datos. Es posible que los proveedores no informen rápidamente de los tiempos de inactividad, y los plazos de recuperación pueden variar significativamente, lo que deja a la empresa en una situación de incertidumbre. La resiliencia de una empresa depende del eslabón más débil de su cadena de proveedores, por lo que resulta esencial identificar las dependencias y definir acuerdos de nivel de servicio (SLA) claros en cuanto al tiempo de actividad y la comunicación.

¿Cómo pueden las empresas desarrollar su resiliencia más allá de su departamento de TI?

La preparación efectiva abarca los ámbitos de las finanzas, las operaciones, la atención al cliente y las comunicaciones. Una organización resiliente cuenta con equipos preparados, con suplentes asignados, procedimientos probados que se adaptan al entorno tecnológico actual, una comunicación transparente con socios y clientes durante los incidentes, y una mejora continua tras cada simulacro o interrupción real.

¿Qué hace que las pruebas de continuidad del negocio sean eficaces y no se limiten a ser un mero trámite de cumplimiento normativo?

Muchas organizaciones abordan la resiliencia de forma burocrática, elaborando políticas y procedimientos sin ponerlos en práctica. El verdadero valor reside en las pruebas realistas —a veces incómodas— que ponen de manifiesto los puntos débiles y enseñan a los equipos cómo reaccionar. Ningún incidente real se desarrolla exactamente igual que un escenario ensayado, pero las pruebas repetidas desarrollan la capacidad de reconocer patrones y de resolver problemas, habilidades necesarias cuando los planes ya no sirven.

¿Con qué frecuencia debería una empresa revisar su plan de continuidad del negocio?

La resiliencia debe convertirse en un hábito, más que en una tarea anual. Las empresas que solo piensan en la continuidad una vez al año ya van con retraso, ya que la rotación de personal, los cambios tecnológicos y las relaciones con los proveedores varían constantemente. Incorporar la mentalidad de resiliencia a las operaciones diarias, en lugar de tratarla como un ejercicio de cumplimiento que se realiza una vez al año, es lo que distingue a las organizaciones proactivas de aquellas que se ven sorprendidas por los acontecimientos.

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