
Por nuestra economista principal, la Dra. Laura Galdikiene
Ahora que ya hemos dejado atrás las compras navideñas, es hora de hacer balance: ¿qué resultados ha obtenido el sector minorista europeo a finales de 2024 y qué nos depara el 2025?
A la espera de los datos minoristas de diciembre, el panorama hasta la fecha apunta a un crecimiento constante del comercio minorista, probablemente en torno al 2% (en términos reales, ajustado estacionalmente y por efectos de calendario) en el cuarto trimestre. Este impulso se debió en gran medida a las ventas de productos no alimentarios, lo que indica una demanda constante en las categorías clave. Cabe destacar que las ventas en línea experimentaron un repunte significativo hacia finales de 2024, con un crecimiento de los volúmenes entre octubre y noviembre a una tasa media anual del 6,7%, lo que refleja un fuerte giro hacia el comercio electrónico. A este optimismo se suma la mejora de la confianza en el sector minorista europeo hacia finales de año, impulsada por el aumento de las ventas, la reducción de las existencias y unas expectativas más positivas respecto al rendimiento futuro.
Sin embargo, aunque los minoristas están observando algunos indicios positivos, los consumidores siguen mostrándose cautelosos. La confianza de los compradores ha descendido ligeramente debido a la preocupación por la situación financiera personal y a la incertidumbre económica general de cara al próximo año. Curiosamente, los niveles de optimismo variaron considerablemente: los lituanos (con diferencia los más optimistas) y los suecos encabezaron la lista, mientras que los griegos y los estonios fueron los más pesimistas.
De cara al futuro, se prevé que el consumo privado experimente un crecimiento algo más rápido en 2025. Factores como el aumento de los ingresos reales de los hogares, unas condiciones financieras más favorables y un mercado laboral resistente deberían suponer un cierto apoyo. Sin embargo, las tensiones geopolíticas y las incertidumbres políticas podrían frenar el entusiasmo de los consumidores, lo que impediría que se produjeran gastos excesivos a gran escala. A medida que avance el año 2025, las empresas deberían prepararse para un panorama caracterizado por un optimismo cauteloso, una mayor incertidumbre y una confianza de los consumidores desigual entre las distintas regiones.






